EL SANTO…

A 24 AÑOS DE DISTANCIA…

               ¿QUIÉN SE ATREVE A OLVIDARTE?

                                               pOr: dArK mIcTlAn

“Y un 6 de septiembre de 1942, en la Arena Afición de Pachuca. Sube un hombre con capucha y capa plateada, se hinca en una de las esquinas y comienza a rezar. Minutos después, trepa Lobo Negro, un tipo sumamente rudo y ocupa la esquina contraria. El publico está entretenido viendo orar al debutante, no sabe si aplaudirle o chiflarle; sin embargo, cuando es presentado le aplaude a rabiar, pues el hecho de verlo rezar con tanto fervor, les hace pensar que es creyente y técnico; segundos después, cuando es presentado Lobo Negro, la gente le chifla, porque Don Victor, que así se llamaba, siempre defendió la bandera salvaje. Ese día vimos nacer al hombre que iba a revolucionar la lucha libre: El Santo, quien inicia la contienda derrochando un salvajismo extraño y en menos de tres minutos el mismo público que le había aplaudido le chifla, mientras que la música de viento con que recibieron al Lobo se transforma en aplausos…”

Dr. Rafael Olivera Figueroa “E Arbitro”

Texto tomado de su libro: “Memorias de la Lucha Libre” de Ed. Costa-Amic Editores, S.A. México D.F.

La Página número 56 del citado libro, nos muestra lo que a mi parecer es la mejor descripción del debut de la máxima leyenda de nuestra lucha libre nacional en el estado de Pachuca. Su debut en la catedral metropolitana lo había realizado un 26 de Julio del mismo año. Y la continuación de la misma narración, refleja la rudeza con la que defendería por años su misterio y su prestigio. Más allá de que también fuera todo un caballero inigualable arriba y abajo del ring… Pero, que le pregunten a aquellos, que osaban tratar de arrebatarle su incógnita, si no se toparon con El Santo que el Gran historiador y narrador Figueroa nos describe tan apasionadamente.

El Santo… ¿Quién no ha hablado de él?, ¿Quién no reconoce en su persona a la máxima figura de nuestro Pancracio Nacional?, ¿Quién no ha utilizado su nombre como seudónimo para referirse al tema de la lucha libre?

Santo, El enmascarado de plata, el naciera en Tulancingo un 23 de Septiembre, ha traspasado las fronteras de lo inimaginable. Pues es el único que ha rebasado el paso de los años y su solo nombre sigue convocando la presencia de aficionados jóvenes y de antaño que con cariño, recuerdan al hombre que bajo la máscara plateada defendía las causas nobles y justas, convirtiéndose en el siempre buscado héroe de carne y hueso. Arriba del ring, todos conocimos sus proezas, abajo del mismo, muchos atestiguaron su grandeza y su bondad. En su refugio, su propia herencia atestigua el gran ejemplo que como padre otorgó a cada segundo y en la pantalla, todos vibramos con cada aparición a cuadro de este enigmático personaje para combatir a Vampiros, momias, Loba y uno que otro criminal gansteril.

1984, aun olía a nuevo, el año iniciaba con buenas expectativas para el mundo de la lucha libre. Un mundo al que sólo se tenía acceso por medio de la compra de un boleto y los medios impresos. Pocas eran las veces que los de televisión enfocaban sus ojos al fascinante mundo de las llaves y las contra llaves. Pero febrero, sería el mes fatídico para los que veíamos en El Santo a la figura inmortal, pues el 5 de febrero, Santo perdía la última caída y se marchaba con los honores que un ser tan extraordinario se merece, al cielo y mejor aun, a la inmortalidad. Había caído el héroe, pero sólo por una ocasión, pues al mismo tiempo se erguía firme para mantenerse tal cual con el paso de los años y en la memoria de los mexicanos que acompañan a sus hijos a lugar en el que reposan sus restos cada nuevo año, así como también, al continuador de su legado, que año con año en silencio le pregunta: Papá… ¿Estás orgulloso de mi?, ¿Lo estoy haciendo bien?

Preguntas mismas, que seguramente, sus hermanos, los que no portan la máscara de tela, pero que en la sangre portan la plateada, se preguntarán también.

Descanse en Paz, Santo, El Enmascarado de Plata, a quien yo le pregunto:

¿Quién se atreve a olvidarte?