Imponer la ley sobre el ring, nunca ha sido tarea fácil para el tercer hombre que se haya en el mismo, ese que normalmente recibe abucheos desde que su nombre es anunciado, porque jamás cumple el capricho del aficionado que será hacer sufrir a su contrario. Eddie Palau, forjó a los réferis de carácter recio, los candados y las palancas a los brazos eran sus armas para hacer cumplir la ley sobre el encordado. Pero posteriormente, llegaría un hombre que supo aprovechar perfectamente el nuevo boom que la lucha libre estaba tomando a finales de los años 80 y principio de los años 90. Y entonces Gran Davis, era el ser más odiado de los encordados y no era luchador… ¡Era Réferi!
Malas copias han habido desde que Don David Patiño comenzó a ser el réferi polémico que movía a las mazas, que con su guante negro marcó un parte aguas muy importante que sólo se quedó con él, hasta el momento de su partida se mantuvo vivo.
Gran Davis era el réferi polémico, el que ayudaba a los rudos, el culpable de que Konnan perdiera su máscara ante el gran Perro Aguayo, (Claro, sin menospreciar el trabajo del enorme Can), cuando descalificara al Cubano por haberle dado un frentazo sin que viera que el mismo Can era quien lo había propiciado.
Ese hombre, era una sorpresa constante, cuyas reacciones sorprendían a cualquiera y que incluso, un día de tantos, en un supuesto arranque de arrepentimiento provocó que usara un guante blanco para demostrar que había cambiado y sería imparcial para que la gente lo apoyara y aplaudiera, reconociendo en él, a un hombre bueno y amable, defensor de las buenas causas. Pero nadie, absolutamente nadie confiaba al cien pon ciento en él y fueron testigos de cómo el guante blanco se iba manchando de color negro para al fin volver a teñirse de negro para recibir en cada función, cascadas de abucheos y recordatorios familiares que al Gran Davis, disfrutaba al máximo y tomaba como aliciente para su próxima actuación.
Esa actitud llevó a Don David Patiño a participar con su propia columna en la exitosa revista (De aquellos tiempos, sin la necesidad de agregarle lo de: La revista de los conocedores) de Súper Luchas, con una sección que se llamaba primero: Los Chismes del Gran Davis y posteriormente se le agregó el título de: El Rudo.
Era una columna que era leída por todos, sin excepción, ya fuera para aplaudirle o para odiarle más, incluso para escribir a la redacción y solicitar con calidad de urgencia que su lugar fuera ocupado por el ahora también desaparecido: “Güero” Rangel.
Ese fue Gran Davis, un señor que supo hacer lo suyo y que además dejó una huella importante dentro de la historia de la lucha libre y que hasta el día de hoy, ni siquiera el mentado Gran Davis ha podido opacar y a 17 años de distancia, El Pancracio le recuerda con una enorme admiración, porque un hombre que con medio rostro paralizado, subió al cuadrilátero para referear su última lucha, llevando a Cien Caras y a Konnan como elementos estelares para posteriormente, ir a recibir como todo un valiente la llegada de la misteriosa muerte un 4 de Noviembre de 1991.
Sorpresiva fue su muerte para muchos pero no lo fue, la enorme admiración que recibió por parte de muchos amigos, compañeros y aficionados que lo acompañaron hasta Torreón, Coahuila, tierra adoptiva que hasta hoy guarda sus restos con amor y respeto.
Posteriormente, llegó a la lucha libre: Torver, continuador de su legado, llevando en su máscara, la mano con el tradicional y añorado guante negro, pero lamentablemente, por lo menos aquí, no sabemos nada de este novel gladiador. Pero el recuerdo del Gran Davis, ese se mantiene vivo en nuestros corazones y estará así, por muchas eternidades más. Descanse en Paz, el réferi más polémico que la lucha libre en México ha dado, el inigualable: Gran Davis
La última lucha que el Gran Davis refereó fué entre Cien Caras y Konnan, al día siguiente dejó este mundo para siempre...