HOMENAJE POSTUMO A LOS GEMELOS LA PARKITA Y ESPECTRITO II

Texto y Fotos: Alejandro de la Rosa.

Esta noche, 14 de agosto de 2009, se realiza la segunda función de lucha libre en memoria de La Parkita y Espectrito II. Al salón Caracoles, en Naucalpan, Estado de México, han llegado unos cincuenta gladiadores. La participación es solidaria. La mitad de los ingresos se entregaran a la madre de ambos, la señora María.

Rey Tirano, maleta en mano, comparte: “Vengo porque eran compañeros. En esto de la lucha cuenta mucho ayudarnos porque uno nunca sabe cómo nos vaya a ir después. Es un deporte riesgoso”.

Quizá la fuerte lluvia de la tarde, quizá la escasa promoción o lo alejado del lugar fueron las razones para que el local  no se  llenara. Tan solo unas cien personas estábamos ahí, en sillas de lámina y con un equipo de audio ecualizado de mala manera.

Cinco luchas y una batalla campal entre “mini estrellas” conforman el programa “a beneficio de dos grandes luchadores y amigos”, mismos que murieron las primeras horas del pasado 29 de junio.

Mascarita Sagrada, Bracito de Plata, Piratita Morgan, Spiderman, Payasito, Voladorcito, Sombrita y Aguilita Misteriosa son algunos de los que llegaron con gusto a mostrar su trabajo.

Sombrita, organizador del homenaje y amigo de Beto (La Parkita), se mueve con rapidez por el lugar. En  ocasiones está en la entrada recibiendo boletos, luego en la puerta de los vestidores y posteriormente arriba del ring. En algún momento platicamos.

– ¿Por qué hacer la función?

– Mira, surge como un paro para la familia. Quería apoyarla económicamente, y aunque los compañeros respondieron no nos fue bien. No saqué ni lo de los boletos.

– ¿Cuál fue el problema?

– El dueño del lugar no quiso cooperar, me pidió el cincuenta por ciento de la entrada. No pensó en el beneficio, además no se quiso prestar ni para pegar propaganda.

Molesto y desilusionado, Sombrita dice antes de partir “me dejaron morir solo”.

Tal vez sea éste el precio que deban pagar quienes no pertenecen a alguna de las empresas “serias” de este deporte espectáculo, los independientes. 

Antes de la lucha estelar, se informa al público que Espectrito firmará autógrafos. El hombre sale y a su alrededor se reúnen una docena de niños y otra de adultos. Buscan su firma. Espectrito trae consigo unas fotografías que vende a diez pesos. En un fondo azul, entre nubes,  aparecen los difuntos y el siguiente texto:

“Para los que amamos y también nos amaron. Gracias afición por estar con nosotros, agradecemos sus aplausos y gritos de apoyo. Sólo nos separamos por un tiempo. Mantengan nuestro recuerdo en sus corazones. La vida sigue adelante”.

Y sí, la vida sigue adelante aunque ya no sea igual. En algunos casos los recuerdos  tienen un peso mayor, una muestra de ello es Sara Guerrero, de 21 años, aficionada a la lucha libre y que tuvo una cercanía con los hermanos fallecidos. “Yo los miré luchar muchas veces” comparte con unos ojos a punto de soltar una lagrima. “Siento impotencia porque ya no están los amigos”.

Sabe que en alguna gira reciente por Guerrero La Parkita le dijo a algunos compañeros luchadores que los quería y que los llevaba en el corazón. Sí, las llamadas malditas coincidencias.

También escuchó directamente un buen consejo: “Nos dijo que siempre lucháramos por lo que queríamos”.

Sara tiene otro recuerdo.  En la Arena Coliseo de Coacalco los hermanos la invitaron al ring, con pena pero lo hizo (el video esta en Youtube). Finalmente, de fea manera la tiraron el par de maloras.

Ella se enteró de la desgracia por un amigo que miró la noticia en la televisión. El hecho fue ampliamente difundido en los medios de comunicación. “Siento que ha sido grotesco, amarillista, y ya se debería hacer algo para que se acabe”. Por lo pronto la policía ha informado la detención de  las presuntas sexoservidoras que causaron la muerte de los minis.

Al terminar la batalla campal, todos los luchadores suben al ring. Son las 21:18 cuando inicia el emotivo minuto de aplausos para los compañeros que se han ido. Invitan a la madre de ellos a subir. Espectrito toma el micrófono y dice: “Gracias a toda esta gente bonita”. Más aplausos y se hace la entrega del dinero recaudado.

Rumbo al vestidor, Octagoncito recuerda una experiencia que involucró a los hermanos en la central de camionera de San Juan de los Lagos, Guadalajara.

“Yo me llevaba pesado con Beto. Ese día lo miré sentado, le hable y no me hizo caso. ‘Quiubole, no seas mamón, por qué no contestas’, pero me dijo: ‘Yo no soy Beto’. Entonces que llega otro compañero y le comento: ‘Cómo lo ves, pinche mamón, no me quiere hablar’... Fue él quien me informó que era su hermano gemelo. ¡Chin!”.

Al pedirle a Espectrito unos minutos para platicar, accede sin lío.  Comparte que el primer homenaje se realizó una semana antes en una pequeña arena en Jardín de las Flores.

– Luego de todos estos días, cómo está.

– Pues yo… se siente uno solo. Teníamos dos años haciendo unión. Trabajábamos de arriba para abajo. Beto era el que negociaba las funciones.

– Fue duro saber de la muerte de sus hermanos, de la cuestión del alcohol y todo eso, ¿no?

– Ellos estaban jurados. Yo supe que un día antes unos compañeros les invitaban una chelas pero no quisieron.

Espectrito sabía que cuando sus hermanos se llegaban a tomar unas cervezas iban a dormir a casa de él, de la familia. Reconoce que es difícil aceptar lo que pasó.  Recuerda que ambos gustaban de la música salsa, sobre todo de Oscar de León, lloraras y lloraras sin nadie que comprenda pero al final que darás cuenta que si te engañan duele

– Parece que hay cosas no muy claras, entonces qué fue lo que pasó.

– No sé, me gustaría saber igual que tú. Todos en la familia estamos así.

La función ha terminado. Al caminar por las calles de Naucalpan surge una pregunta: ¿por qué no hubo cobertura de medios especializados. ¡Chale!